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A orillas del Guadalquivir

MÁs informaciÓn La Palma, 3 y Barrionuevo, 22 ganan el Concurso de los Patios Los barrios de Santiago y San Pedro se extienden a pocos metros de la Ribera del rÍo Guadalquivir. Sus dos iglesias, del mismo nombre, se convierten en mirador para observar desde las alturas los once patios que conforman la ruta de esta zona, en la que tan solo el patio de la Posada del Potro no concursa en el certamen. No suelen ser recintos que acaparen altas concentraciones, algo que beneficia a la hora de conocer cada rincÓn de los mismos, pero sÍ premios, y muchos de ellos pueden colgarse la etiqueta de llevar en el concurso varios aÑos.

En Barrionuevo, 22 se encuentra el primer patio de la ruta Santiago-San Pedro, propiedad de InÉs Luque y JosÉ Luis MuÑoz. Este matrimonio comenta que no solo enseÑan su patio, sino que lo viven. Muestra de ello es una barbacoa esquinada que aÚn guarda los restos de ceniza de alguna comida y el amplio espacio que estÁ sin ocupar para que cuando vengan invitados puedan disfrutar del recinto por completo. Entre los toques mÁs caracterÍsticos de Barrionuevo, 22, una especie de busto-maceta que tallÓ el hijo de Luque y que representa la cara de su otra hija y la fuente, tambiÉn obra del artista. No puede negarse que el arte forma parte de esta casa, donde florecen lobelias y bonsÁis, ya que el cabeza de familia tambiÉn posee un taller donde guarda algunas de sus pinturas.

Ana MuÑoz es la encargada de cuidar el patio de la calle Tinte, 9, donde pasa las horas que el recinto estÁ abierto recibiendo al chorro de turistas que no deja de entrar. Es la decana de los cuidadores ya que lleva, nada mÁs y nada menos, que 31 aÑos presentando su patio de forma consecutiva. Un limonero de mÁs de un siglo y dos amarilis, denominadas comÚnmente suegra y nuera porque las flores crecen mirando cada una para un lado, acompaÑan a plantas que llegan a crecer en tapones y en barriles de las fichas del parchÍs.

La ruta marcada lleva hasta el nÚmero 43 de AgustÍn Moreno, cerca de la iglesia de Santiago. Francisco Diego Ruano es el cuidador de un patio en el que llama la atenciÓn al entrar por un zaguÁn apasillado el ladrillo que conforma toda su estructura hasta coronar los arcos repletos del verde de las hojas de sus hiedras. En el centro, una fuente se convierte en el objetivo de muchos deseos depositados en forma de monedas y da el sonido caracterÍstico del agua a una casa de dos plantas donde florecen desde las tradicionales gitanillas hasta las surfinias.

La Casa de las Campanas, en Siete Revueltas, 1, llamada asÍ porque antiguamente servÍa de fÁbrica de estos objetos, vuelve al concurso despuÉs de varios aÑos sin participar, ya que las bases prohibÍan que lo hicieran aquellos patios que albergaran alguna sede, en este caso la de Amigos de los Patios. Teodomiro Rueda se encarga del cuidado de las incontables plantas de este recinto con varias divisiones y en el que se celebran cada dÍa algunos de los espectÁculos del certamen y que guarda en cada esquina algÚn decorado como mÁquinas de coser, utensilios antiguos o un peso.

Una de las novedades de este aÑo es la apertura al pÚblico, despuÉs de ocho aÑos sin hacerlo, de uno de los patios del recinto de Aceite, 8. Este patio, situado en una calleja, es de esos que no te esperas. Tras un pequeÑo zaguÁn puede adivinarse que no es un patio al uso, pero tras bajar los pequeÑos escalones y girar a la izquierda, todo se aclara. Su cuidador, Juan Antonio Espinosa, aclara que este aÑo va “a por todas” y que por eso ha decidido abrir el patio del estanque, o piscina, segÚn la Época del aÑo. Esta especie de jardÍn abre bocas entre los visitantes que admiran tambiÉn los centenares de plantas entre las que se impone una altÍsima palmera. Son dos familias las que habitan en Aceite, 8, entre caminos de baldosas que se confunden con el cÉsped y una entrada acristalada a una de las casas que da la impresiÓn de ser un invernadero.

Y de Santiago a San Pedro. Hay que caminar un poco mÁs hasta meterse en la calle La Palma, en el nÚmero 3, para observar el antiguo patio de carruajes de una casa seÑorial, hecho del que aÚn quedan las huellas en el suelo. Una gran verja sirve de entrada a un patio de gran altura en el que la fuente central da vida a muchas plantas trepadoras y donde el pozo brocal Árabe es la joya de la casa, rÉplica ademÁs de otro pozo califal del siglo X.

Antes de llegar a la Plaza del Potro hay que toparse con el patio de Don Rodrigo, 7. AquÍ, MarÍa FernÁndez se encarga de los cuidados y de los detalles de un espacio al que se accede a travÉs de un zaguÁn ancho con varios detalles como un pozo cegado, un antiguo lavadero de madera o una pequeÑa mecedero junto a un costurero. Ya dentro, un gran limonero sembrado en un arriate concentra toda la atenciÓn con el permiso de una cocina que se extiende a travÉs de una de las esquinas del patio y que estÁ tapada a modo de porche. En la mesa central hay un libro de firmas donde los visitantes dejan plasmada en palabras, siempre agradables, la impresiÓn que les aporta este patio de mejores macetas para cactus color aÑil.

Los tres Últimos recintos de la ruta se concentran cerca de la plaza de la Corredera, en la calle Maese Luis. El primero, en el nÚmero 22, es propiedad de la familia GarcÍa GÓmez donde su hija, Luisa, posee un taller de cerÁmica que expone en una de las habitaciones. El limonero en espaldera que recorre la pared izquierda nada mÁs entrar al patio es una de las joyas naturales de todo el certamen, dado que fue el primer recinto en incorporar este tipo de cultivo de cÍtricos, tÍpico de la Época Árabe. El torreÓn que corona el recinto de origen medieval es uno de sus principales atractivos.

En la misma calle, pero en el nÚmero 9, Isabel LÓpez le explica a unos escolares cÓmo cuida cada planta de su patio. No cabe duda de que le gustan los animales, ya que su recinto es conocido como el de Los GalÁpagos por albergar tres tortugas, ademÁs de seis perros y varios pÁjaros. La nota cÓmica la pone una bruja que le trajo su marido desde Suiza y que se pone a bailar cada vez que alguien le echa alguna moneda. La planta madre, una kensia de mÁs de medio siglo.

El Último patio se encuentra en el nÚmero 4, es la primera vez que concursa, aunque su poblaciÓn de plantas parezca decir lo contrario. El matrimonio que lo cuida, JosÉ Cruz y Sara Pulido, tambiÉn se encarga de otro patio, por lo que se nota la mano con la pilistra de 40 aÑos o la costilla de AdÁn, de 30. La galerÍa que rodea a una fuente central estÁ compuesta de cientos de ladrillos que le dan aÚn mÁs belleza al centro.

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